Saltar al contenido Donar

El sostén invisible del sistema:

La Mujer

El sistema económico vigente no se sostiene solo sobre fábricas, mercados y bancos; se sostiene sobre un trabajo que no aparece en ninguna nómina y que, sin embargo, mantiene en pie todo lo anterior: el trabajo de cuidados y de hogar que realizan las mujeres, día con día, durante toda su vida.

Sin este sacrificio de la mujer, este sistema no existiría.

Los números

Medición, no interpretación

  • Las mujeres realizan el 76.2% de todo el trabajo de cuidado no remunerado del mundo (OIT).
  • Cada día dedican 16 mil millones de horas a cocinar, limpiar, acarrear agua, cuidar infancias y personas enfermas o mayores (ONU Mujeres).
  • Ese trabajo vale entre el 10% y el 39% del PIB mundial: unos 11 billones de dólares al año en términos conservadores (ONU Mujeres).
  • En México equivale a 8 billones de pesos, el 23.9% del PIB nacional —y las mujeres aportan el 72.6% de ese valor (INEGI, 2024).
  • La jornada total de una mujer en México —trabajo remunerado más no remunerado— es de 61 horas semanales, y alrededor de dos tercios de su tiempo no reciben pago alguno (ENUT 2024).

El sistema llama “improductivo” al trabajo que literalmente sostiene la vida.

La raíz

Una injusticia antigua

Esta injusticia no es reciente ni accidental. Desde la consolidación de la familia monogámica junto con la propiedad privada, la mujer quedó convertida en una propiedad más —primero del padre, después del esposo— y su trabajo en una obligación sin nombre y sin salario.

A esa expropiación histórica se suma la violencia que la mujer sufre día con día, a lo largo de toda su vida: física, mental, emocional y económica.

Quien más aporta es quien menos recibe. Y por lo mismo, es necesario pararlo ya: no como una reivindicación más en la lista de pendientes del sistema que la produce, sino como parte del cambio de las condiciones materiales que es la piedra angular de esta organización.

La violencia

La violencia no es un accidente: es permanente

Hasta aquí hemos hablado del trabajo y del dinero. Falta lo peor: la violencia constante y permanente que acompaña a la mujer durante toda su vida. No cabe en ninguna nómina porque se cobra en el cuerpo y en el alma.

  • Una de cada tres mujeres del mundo —840 millones— ha sufrido violencia física o sexual a lo largo de su vida (OMS).
  • En 2024, 50,000 mujeres y niñas fueron asesinadas por su pareja o por alguien de su propia familia: 137 cada día, una cada diez minutos y medio. El lugar más peligroso para una mujer no es la calle de noche: es su casa (UNODC / ONU Mujeres).
  • Más de 230 millones de niñas y mujeres vivas hoy fueron sometidas a mutilación genital: para muchas, la violencia empezó antes de saber leer (UNICEF).
  • En México, siete de cada diez mujeres ha vivido al menos un hecho de violencia (ENDIREH 2021, INEGI), y en 2025 fueron asesinadas 2,798 — casi ocho cada día— (SESNSP).

No son hechos aislados ni una colección de “hombres malos”: la violencia es estructural —la producen las instituciones, las costumbres y la economía— y simbólica —se presenta como natural, como “lo que le toca”, hasta ser interiorizada por las propias mujeres que la sufren—.

La cadena es una sola y se reproduce cada generación:

  1. control del cuerpo
  2. control de la sexualidad
  3. control de la reproducción
  4. trabajo sin salario
  5. dependencia económica
  6. objetificación
  7. violencia

La violencia contra la mujer no es un accidente del sistema: es una de sus condiciones de operación.

Conciencia masculina

Nosotros lo vimos

Para la mujer la violencia no es un evento: es una biografía. Empieza en la infancia y ya no termina: sigue en la escuela, en el transporte, en el trabajo, en la pareja, en la vejez. Años y años, día con día.

Y nosotros, los hombres, lo hemos visto: en el chiste que celebramos, en el amigo del que “mejor no dijimos nada”, en el “algo habrá hecho”. Cada hombre vivo conoce a varias mujeres que la sufren o la sufrieron, aunque no lo sepa, porque se lo tragan en silencio.

Que nos dé vergüenza: no hubo ignorancia, hubo tolerancia.

La pertenencia

Solo duele cuando es “nuestra”

Si alguien toca a nuestra hija, a nuestra hermana, somos capaces de todo. La misma violencia contra la mujer que no conocemos nos deja indiferentes. Si solo nos duele cuando es “nuestra”, no estamos defendiendo a la mujer: estamos defendiendo una pertenencia. La dignidad de la mujer no depende de que un hombre la quiera: le pertenece por sí misma, por el solo hecho de ser.

El cambio

Esto tiene que parar ya

No mañana, no cuando llegue el nuevo sistema: ya, en cada hombre que lee esto. Interrumpir el chiste. No voltear a otro lado. Creerle cuando habla. Criar hijos que no repitan lo que vimos. Ceder el espacio, el micrófono y el salario que nunca fueron nuestros. Y cambiar las condiciones materiales: la violencia prospera donde hay dependencia, y una mujer que depende económicamente de quien la violenta no puede irse.

El perdón

Perdón

Y sin embargo mujer, antes de pedirte nada, te debemos algo que nunca te hemos dado entero: un perdón dicho de pie.

Perdónanos.

Perdón por las manos que lastimaron y por las manos que no se alzaron para detenerlo; por las voces que hirieron y por las voces que callaron. Perdón por el chiste, por el silencio, por la mirada que te convirtió en cosa. Perdón por el trabajo que diste gratis y que llamamos “lo que te toca”. Perdón por cada noche que caminaste con miedo mientras nosotros dormíamos tranquilos. Perdón por enseñarte a cuidar sin enseñarnos jamás a cuidarte. Perdón por cada dolor que te tragaste en silencio para que nuestra vida siguiera cómoda: para que la comida estuviera lista, para que los hijos no vieran, para que nada se rompiera —aunque la que se rompía eras tú.

Tú nos diste la vida, y respondimos haciendo de tu vida un servicio. Tú nos diste el amor, y respondimos con un mundo en el que amar te cuesta el cuerpo, el tiempo y el nombre.

No te pedimos perdón para cerrar la herida ni para sentirnos mejores: la palabra no borra nada, y no nos debes nada —ni siquiera el perdón—. Te lo pedimos para abrir, por escrito y delante de todos, la cuenta de la reparación: que conste que sabemos, que lo nombramos y que no habrá silencio que lo vuelva a cubrir.

De esa reparación se encarga lo material de esta organización. De la vergüenza, nos encargamos nosotros los hombres.

Perdón Amor, perdoname mujer.

Porque aunque no te conozco, Te Amo, y te reconozco como fuente de Amor y de Vida.

Perdón

Perdón

Perdón

El llamado

Al corazón de la mujer

El Altepetl no te pide que cargues también este proyecto sobre tu espalda, como el sistema te ha enseñado a cargarlo todo; te invita a construirlo, porque es el tuyo.

Nadie conoce mejor que tú lo que cuesta sostener la vida sin reconocimiento; nadie tiene más autoridad que tú para definir cómo debe ser un sistema donde sostener la vida sea el centro de la economía y no su trabajo invisible.

Tu experiencia diaria —administrar lo escaso, cuidar, organizar, sostener— es exactamente la sabiduría que esta organización necesita en sus Calpullis, en sus consejos y en su gobierno.

No como invitada: como pilar.

Corazón de Altepetl

Valores de la organización

Mujer

Es la Vida

Si uno de nuestros Valores es la Vida, entonces, en esta nueva organización honramos a la Mujer como dadora de Vida.

Tu voz, tu decisión

Necesitamos tu voz

Si el sistema actual se sostiene sobre tu sacrificio silencioso, el sistema nuevo solo puede construirse con tu voz y tu decisión.